jueves, 9 de noviembre de 2017

Dos vidas,en una

    Gracias por fijarte en mis palabras y en mí,por seguir mi camino,pararte y detenerte en él.Gracias Kris
gracias Extraordinarias  por apostar por mis palabras y sentimientos.


Recuerdo esa mirada en el espejo como si fuese ayer, sin embargo, han pasado cerca de tres años. Mi mirada oscura, triste, apagada, opaca, sin luz. Asomando a mí cabello las primeras canas de disgusto. La sonrisa perdida, difuminada en el dolor, en la angustia y en las ínfimas ganas de volver a sentir, ni siquiera de vivir. Esa mirada sin mirar. Definitivamente ese reflejo yermo. Respirar, cerrar los ojos un instante y analizar la imagen que acababa de contemplar, ese Yo que no soy. Mirarlo era sentir como a cada segundo la vida se me escapaba, así, como se nos escapó la tuya…en el dolor, en la angustia, en el sinsabor de perderte, en la impotencia de no poder parar la muerte. Entonces descubrí que siento que no puedo vivir contemplando en cada momento ese reflejo, ese yo que tengo y no obstante no siento. Sé que necesito sentir para saber que vivo.

Respiro, para atrapar el aire, el viento, el tiempo que se fuga entre mis manos. Siento que la vida ha decidido otorgarme ese lapso perdido, ese momento en el que decido seguir abriendo ventanas, puertas y notar el aire fresco, renovador para volver a salir corriendo. A mi reencuentro. A buscar la luz, las sonrisas y la vida.
 Me refugio entre las letras, entre las que no he entregado, para darle cobijo a mi dolor, a la tristeza que me lleva entre sus alas, a los sentimientos, a lo que perdí…Escribo al tiempo, a ti, al ayer y al mañana. Respiro el aroma que me transportan las fotografías, esas en las que robo el alma, o los paisajes a los que voy, o de los que vengo. Esas tomas que detengo, secuestro con mi cámara y me transmiten la calma que necesito. Esas imágenes que sosiegan con paz mi alma. He vuelto a hacer lo que me gusta, a llenar de vacío el tiempo. A vivir, a sentir y sonreír como ellas, Yaiza y Claudia lo hacen. Que difícil, duro e implacable fue verlas llenas de dolor, tristes y llorar siendo tan pequeñas con tan grande desconsuelo. Qué difícil no poder hacer callar ese llanto cuando sientes el mismo desgarro, cuando para ti es tan inexplicable e incomprensible. Es entonces cuando te das cuenta que ellas, que tus niñas, son proyecciones tuyas, extensiones involuntarias de tus sentimientos y anhelos. Quieres, sientes, necesitas luchar por sus sonrisas, por su fuerza y por sus vidas. Conseguir que sean por fin ellas. 


Hoy me miro cada mañana en el espejo, ese mismo que proyecta mi reflejo como si fuese ayer. Ya no está perdido, ni sin vida. Ahora tiene luz… La que yo exhalo. Esa candela que me da el esfuerzo de recobrar cada segundo, el aliento, los suspiros, el sentir. Ser capaz de respirar recordando saboreando los recuerdos. Ser capaz de haber sobrevivido desde la lucha interna del sufrimiento, recobrando el valor y la fuerza. De saber que se puede disfrutar, sentir y tener de nuevo tiempo de vida.

 “Es vivir de nuevo, es vivir dos vidas en una”

domingo, 9 de julio de 2017

Nudos




Quizás el paso del tiempo hace pensar que por no escribirte no te siento. Qué el corazón sosegado no padece, pero no es cierto, siguen pasando los segundos, los instantes y sigue latiendo no con el mismo dolor, pero sí es cierto que fluye más sereno.

Quizás es el paso del tiempo quien calma y deja sentir de nuevo, no de igual manera, no tan de intenso clamor....pero no se olvidan, no desaparecen los nudos atados en cada centímetro de piel, en cada milímetro de sentimiento. Son el tatuaje indeleble de una vida.





Quizás sea el paso del tiempo quien va apretando esos nudos y trazando lazos nuevos, nueva vida, nueva cuerda.